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domingo, 17 de enero de 2010





La Nona riega su huerto
Con aguas de cielo y llanto;
De magnolias la fragancia,
De estrella nueva el color.
Dominga no teme al viento
Tempestuoso de los mares;
Tras la frontera está el hijo
Que un día, allá lejos, partió.
Anoche lo vi entre sueños,
Hermoso, de punta en blanco;
Con la figura gallarda
Que siempre lo distinguió.
Sus ojos miraban lejos
Indagando el horizonte;
Frente en alto, risa franca.
Alegre guardia de honor.
Serena, libre de anhelos,
-Alondra de ausencia y canto-
celosa, como quien guarda
para el Eterno, su amor;
sus manos tejen el tiempo
del encuentro con su hombre;
paciente, como la santa
mansedumbre ante el Señor.
Anoche los vi entre sueños,
-ellos te están aguardando-
unidos como en la infancia,
Que un día los conjugó.
Se están abriendo los cielos,
Los tiempos están llegando.
No hay cuotas para esperanzas,
No hay rimas para el dolor.
No temas, toma mi mano;
Cierra los ojos, papá.
Allá te están esperando
La Nona, Enrique y Mamá.

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