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domingo, 17 de enero de 2010

La tolerancia





La tolerancia

Laura había llegado a la clínica donde debía practicarse una cirugía menor. Pero no era menor su preocupación... porque una cirugía es una cirugía, decía para sí. Su hija mayor la acompañaba ya que su marido se encontraba de viaje en el exterior. Cornelia, su suegra... ante la ausencia de su hijo y sintiendo la necesidad de representarlo le pidió a su otra hija que fuera hasta el lugar para acompañar a Laura.

Cuando la paciente ve a su cuñada se extrañó, pero más aún cuando èsta se arroja a sus brazos y le pide perdón, con una angustia que evidentemente salía del fondo de su alma. Conmovida pero más sorprendida aún, le dice que todo está bien, que se quede tranquila, que es algo de poca importancia. Una operación es una operación dice Laura entre lágrimas y yo tengo necesidad de perdirte perdón, no siempre me he comportado bien contigo. Está bien responde Laura, luego hablamos.

La intervención se lleva a cabo en pocos minutos y Laura ya de regreso en su habitación pregunta por María. Su hija sale a buscarla pero no la encuentra, la llama por teléfono a su celular y no responde. Pasadas unas horas van hasta su casa pero tampoco la encuentran. Quizàs se haya entretenido, quizàs se haya demorado... cuando las horas comienzan a correr la preocupación cunde en la familia. Ya entrada la noche, un mòvil policial llega hasta el domicilio de Cornelia, donde le informan que su hija ha sufrido un accidente de tránsito y ha fallecido en el acto. El desconsuelo se instala en todos, pero hace mella en el espìritu de Laura, quién se arrepiente de no haber otorgado el perdón que María solicitaba. A los dos días Laura fallece por causas ajenas a la intervención quirùrgica.

La tolerancia faltó a la cita.

Hoy Laura y María viajan por otros planos, donde quizás un día vuelvan a encontrarse y donde ambas comprendan que la tolerancia, la comprensión, el amor, el perdón... es ahora, es hoy, es ya mismo.

Que la tolerancia es la expresión del amor y la comprensión y que quizás debiéramos tener presente un viejo adagio: Perdonar todo lo que deba ser perdonado... y lo que no deba ser perdonado, también.

 

 

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