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sábado, 15 de enero de 2011

Intima conviccón

La desolación dejó huellas indelebles en tu alma y en la mía
y como viejos amigos que se encuentran a lo largo de la vida
una y otra vez, nos sentamos a conversar al pie de la fuente
donde tantos años antes juntos fuimos a beber.
La vida te llevó por atajos que resultaron mortales para tu cuerpo físico,
pero talló en tu alma, con cincel de plumas, una espiritualidad y una paz
que nadie jamás podrá arrebatarte.
A mí me tocó el camino más largos, los apremios no fueron tan brutales
pero al prolongarse lentamente en el tiempo también dejaron cicatrices
que no se han borrado aun.
Entonces volvemos  encontrarnos para beber de la fuente del destino
y tus ojos y los míos, en un audaz desvarío... se aman nuevamente.
Como entonces... cuando teníamos esperanzas.
Los vientos helados se llevaron las hojas de mis libros
y la rosa que ayer me regalaras se deshojó en la nieve.
Los versos que yo te diera se quedaron en los grises muros
donde marcabas los días.
La vida nos ha marcado.
Con cruces.
Con llantos.
Con amor.
Con luz.
Tengo la íntima convicción que habrán de pasar por tu vida y la mía
tantos amores como sueños hemos tenido.
Pero este amor
el que nos unió
el que nos engrandeció
el que nos hizo hombre y mujer
a través del amor
éste amor
vivirá por siempre.
Y cada vez que nos encontremos a beber de la fuente de los recuerdos
tus manos y mis manos temblarán,
tus ojos profundos se clavarán en mí
tu boca morderá mi carne
y seremos uno
otra vez.

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