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martes, 18 de enero de 2011

Nada

Cuando la ameba se aburrió de ser ameba
y comenzó a buscar nuevos caminos
la evolución de la humanidad comenzaba su trayectoria.
Desde entonces y en una inacabable e impensable espiral ascendente
hemos ido recorriendo los vastos océanos de nuestras existencias.
Hombres, amebas, hiedras, caracol, mariposa, luciérnaga, roca, materia incandescente,
agua, hierba, excremento, gusano, cóndor majestuoso, gaviota errante,
criaturas de Dios que hemos ido desarrollándonos a lo largo de la historia del Universo.
Y ahora aquí, envueltos en caos, en remolinos de sentimientos, en círculos
viciosos de envidias y cizañas, de amores que no son tales, y de palabras que se lleva el viento,
de un mundo que corrompe al más indefenso y pequeño, de hombres que comen hombres y perros que dejaron de ladrar de tanto ladrar en vano, que hasta dejaron de mover la cola porque no encuentran motivos para estar contentos. En medio de este caos nos encontramos.
Con escenas de pánico, con jóvenes perdidos, con abuelos que se creen jóvenes y andan como el pavo real desplegando su cola caída y dando lástima por doquier. Hemos perdido sin darnos cuenta la dignidad que nos dieron al nacer. La pureza y la ingenuidad de la primera niñez, cuando habitamos ciudades que solamente nosotros conocemos, cuando recorremos el universo subidos a una estrella eligiendo dónde y cómo queremos bajar.
Estamos inmersos en el caos y no queremos salir de él. 
Porque tenemos miedo.
Pues quédense allí.
Yo elijo partir.
No más caos para mí.
Me subo  a la primer nube que pase cuando deje de llover... porque ahora está lloviendo y hay relámpagos y refucilos y me enseñaron que todo eso es peligroso. Pero a mí me gustan por eso me quedo acá, escribiendo y escuchando a Bach mientras voy relajando mi mente.
Les decía que elijo partir.
Les dejo este mundo imperfecto a los que siguen sintiendo envidia.
A los que siguen sumando y restando.
A los que multiplican dolores y dividen a las personas.
Les dono mi parte de este mundo a los que elijen quedarse en la densidad 
a los que no aprendieron a volar con alas tomadas prestadas de las nubes.
Les dejo mi parte del mundo a los que necesitan sentirse el ombligo del mundo.
Yo no me siento el ombligo del mundo, quizás sea el dedo mepique, quizás el grano de arena bajo una uña, quizás la pulga del perro... quizás una mota de polvo.
Quizás nada.

2 comentarios:

  1. ¿Hay un sitio para mi en esa nube? porque si lo hay parto yo también contigo. Un abrazo.

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  2. En esa nube hay sitio para todos aquéllos que deseen viajar libres de equipaje, sin otra mochila que la esperanza, sin más horizonte que la línea de un verso...

    Súbete!

    Un abrazo

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