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jueves, 8 de septiembre de 2011

Sin salida

Juan entrò a la rotonda tal lo indicaban los carteles orientativos a un lado de la carretera, observò las cuatro salidas y escuchò atentamente las instrucciones que daba la metálica voz de su navegador gps. Acostumbrado a obedecer òrdenes, siguió la indicación, a los quince segundos escuchò la voz que volvía a reordenarle la dirección, a los veinticinco otra vez la misma orden, a los a los cuarenta, otra.... a los cinco minutos... a los 15 ... a las dos horas... al mes continuaba barbudo y ojeroso girando en la rotonda sin fin...
Los ocasionales viajeros que suelen pasar por el lugar le alcanzan una botellita de agua mineral, otros le dejan fruta, otros bajan y le alcanzan algún sandwich. Los niños lo saludan. Mientras tanto Juan, acostumbrado a obedecer, sigue girando a la derecha, sin haber logrado, luego de dos años salir de la rotonda en la que quedò atrapado por su obediente ser interior.

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