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miércoles, 26 de octubre de 2011

La gente está loca

La gente está loca!

Salgo a caminar, la mañana está gris, voy hacia el mar y hoy no se ve el horizonte, entonces creo que estoy levitando que me confundo con el mar y con el cielo, (no es mala la idea) me siento en paz. El viento del sur va aumentando su intensidad, comienza a levantar arena de la playa -es linda la vista- un remolino se lleva el bolso que una señora había depositado en una silla playera, un termo cae y se rompe. Los pocos habitantes del balneario de esta desapacible mañana de primavera levantan campamento y casi corriendo se alejan del mar. -es linda la vista-
Miro el cartel electrónico donde anuncian hora y temperatura -le quitaron motivo de diálogo a los transeúntes. (me podría decir la hora por favor? Gracias...) 10:40 am - 0.5 C. bueno, me digo algo más que no funciona. Nada raro.
Sigo mi camino, compro unas frutas para mi almuerzo y voy camino a casa. Un automovilista le grita a un transeúnte que cruza sin mirar, el transeùnte le responde al insulto. Se fulminan con la mirada y continúan cada uno su camino, irascibles ambos. Un florista alarga su mano a un caballero -flores para la dama- éste lo mira con bronca, -salí de mi camino- está empezando a llover y se me moja el traje. Dos mecheras entran en una tienda y distraen a la empleada. Yo las observo, hay dos más en la puerta. Aseguro mi cartera, le doy señales a la empleada para que tenga precaución, me quedo un momento hasta que las mujeres se marchan. Gracias señora. De nada.
Los operarios que están reparando la calzada están aturdidos por tanto ruido molesto, pero es su trabajo y continúan. Una señora mayor tropieza con unos bloques de cemento, un muchacho se acerca a ayudarla, la mujer le espeta, no me toques! No me toques! Por estos trabajos me caí.
Sigo mi camino. Unos muchachos van cantando, son integrantes de un grupo estudiantes que hace su viaje de fin de curso, tiran papeles en la vereda, botellas, se ríen de todo y de todos. Son jòvenes, están felices.
Dos ancianos ver pelear a dos perros vagabundos, ríen.
Una señora baldea la vereda mientras su vecina lava el piso del hall de entrada a su casa, hablan fuerte y se rìen, al tiempo que alguien pisa mierda de perro y va tratando de limpiar su zapato restregándolos contra las baldosas.
Todos ríen.
Un señor de unos cincuenta y tantos años, en una silla de ruedas, y un cartelito que reza-soy veterano de Malvinas- un tarrito para que le pongan monedas. -soy veterano de Malvinas- leo, vuelvo a leer, le pregunto, a mí no me dieron pensión... estoy en juicio. Y se ríe ante mi cara, mezcla de indignación e incredulidad-aunque sé que no es el único-. Vuelve a mirarme, ahora con gesto adusto y me dice, èsto es normal, sí, le digo, lo sé. Saca una armónica de entre sus ropas e interpreta la Marcha de Malvinas, -bella entre bellas-. Me cuenta un cuento, se ríe, me río. Nos despedimos. De qué nos reímos? Le pregunto antes de seguir mi camino, me responde, nos reímos porque nosotros también estamos locos.

25-10-2011

2 comentarios:

  1. Y así me sucede , es tan común ver este tipo de escenas en la calle, ya lo vemos como algo mas en el paisaje. Salir a caminar será difícil con el tiempo, los locos van ganando en la calle , tratemos de disfrutar haciendo ¡como los locos!! y sigamos de largo Aguamarina, no estoy sgura de que podamos solucionarlo.Buen artículo sobre la gente y sus locuras poeta, siempre un placer pasar a leerte amiga.

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  2. Gracias Luliam... cuando escribí este texto, lo hice casi sin pensarlo, como salió quedò, lo que sentía en ese absoluto presente...
    te agradezco mucho el comentario... y sì, así es...

    un beso y gracias por estar!

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