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sábado, 18 de febrero de 2012

Las mil y una semillas


Vicenta vivía junto a su padre, en una pequeña parcela donde
cultivaban la huerta. Cada noche, luego de la cena, el hombre depositaba una
semilla en un cofre y luego se acercaba al lecho de su hija hasta dormirla. Le
hablaba de los jardines de Alhambra, el Guadalquivir de Sevilla, la Virgen de los Mareantes¦
y así se quedaba, envuelta en sueños.

Una noche de Reyes Agustín comprendió que sus horas en la tierra llegaban a su
fin y sabiendo que no vería el próximo amanecer, tomó el cofre, escribió
dlíbilmente una nota para Vicenta y la dejó junto a sus humildes zapatones:- Me
voy tras una estrella. Los Reyes Magos te dejaron este tesoro. Cada semilla
será un sueño. Cultívalas con amor.

Vicenta contaba día a día, las mil y una semillas de su tesoro. Agotadas sus
lágrimas decidió cumplir su misión: sembrarlas. Abrió los surcos y depositó una
por una sus semillas, cada una un sueño. Vinieron épocas de sequía, la fuente
se secó y el arroyo era un lejano recuerdo. Sólo una germinó. La cuidó con
ahínco hasta que la vio convertida en la más hermosa planta que jamás había
imaginado.

Doña Vicenta, sentada hoy junto a sus nietos, les cuenta la historia, a la
sombra del único ciruelo azul de toda la aldea, y les recuerda con amor: 


nunca lloren lo que no fue, vale tanto más un sueño cumplido que mil fallidos.

2 comentarios:

  1. me encanto esta historia,una gran enseñanza
    un beso querida amiga

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  2. tanto tiempo y tanta agua desde que estuve en el blog... ya pasarè a visitarte... un abrazo amigo!

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